Incorporamos cuatro títulos de una nueva editorial, se trata de Dosmanos, fundada recientemente por Daniel Sardá y que inicia la aventura de crear un nuevo sello en busca de un espacio ante la era digital. Su catálogo “se rige por dos planteamientos bien cincelados. Por un lado, rescata textos de los siglos XIX-XX que interrogan la actualidad de nuestros tiempos, libros que desde su pasado iluminen nuestro presente. Y, por otro lado, también da voz a autores contemporáneos; nadie mejor que ellos para desafiar a la realidad".
IDA / Hélène Vesete
La desaparecida Hélène Bessette (1918-2000) nos brinda una novela sangrante y profunda que orbita en un universo llamado Ida, una sirvienta de una clase alta cada vez más carcomida y cruel. Con un humor y una crítica salvajes, este artefacto literario, publicado por primera vez por Gallimard en 1973, desgraciadamente no ha perdido un ápice de actualidad.
"En el silencio de su tumba sin flores.
De su pasado sin flor.
Frente al abanico de pésames variopintos y parlanchines
de aquellos que se equivocan
y no mueren.
Están ahí
Derechos. Pálidos. Brazos bailando en silencio.
Solos con el: “Siempre le decía, Ida, no es prudente. Algo te acabará pasando".
EL CLÍNICO /Kiko Herrero
A raíz de una visita al hospital, en la que el fantasma de la muerte se presentó en la puerta de su pulmón, Kiko Herrero nos relata todos esos instantes salteados prendiendo fuego a las crepitantes brasas de la existencia.
“París y Paraíso, casi la misma palabra. Madrid y París, las mismas vocales. M de Madrid como Madre: P de París como de Padre; he aquí mi familia reunida en una sopa de letras”.
El autor de "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" proclama su disidencia esta vez muy en serio a través de un entrañable personaje, Manolo García Salabert, un viejo autor de novelas detectivescas que se atreve a desafiar las nuevas consignas de la cultura oficial.
«En otoño de 2011 Manolo García Salabert tenía sesenta y cinco años, diecinueve novelas publicadas y la determinación de darse muerte por sobredosis de paracetamol en el plazo máximo de un año, tiempo suficiente para escribir una última novela memorable. Era a la vez un plan suicida y un proyecto de inmortalidad».
A través de una voz polifónica y singular se va desplegando la historia de una mujer –o tal vez varias– en una «exploración del imaginario colectivo femenino», tal y como sentencia la autora. La verbena acaba de empezar.
«Es una historia de odio. De niña la vi arder en los ojos de mi madre y el resplandor de esa llama no ha dejado de arder en mí desde entonces. La historia debe venir de lejos, tan lejos como se remontan los psicoanalistas, hasta la más tierna infancia, hasta las manos anchas y largas de mi madre agarrándome el pelo, sujetándome el cuello».




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